LAMALONGA Y SAN MARTÍN DE CASTAÑEDA

(La Voz de Galicia, 13 de febrero de 2000 por A. Castro Voces)

 Lamalonga está en la vertiente occidental de la Sierra do Eixe y goza de buena ventilación y un clima saludable.

 Lamalonga es uno de los pueblos del municipio de A Veiga donde, durante tiempo, tuvo posesiones el monasterio cisterciense de San Martín de Castañeda, bien es verdad que en época tardía, bien entrado el siglo XVII, pero fue real su íntima relación económica. Básicamente este monasterio sanabrés de principios del X, fue fundado concretamente en el año 912, tuvo su principal foco de atracción económica durante el Medioevo en los alrededores de la cuenca del río Casoio y en el actual municipio de A Veiga. Todas estas posesiones permanecieron en manos de estos monjes hasta la desamortización de Mendizábal, a mediados del siglo XIX.

Las posesiones de los monjes del monasterio de San Martín de Castañeda fueron trabajadas en un principio por los propios monjes y posteriormente mediante los “conversi”, por medio de un contrato foral.

El monasterio sanabrés de Castañeda es de origen mozárabe, del 921, al igual que el de San Miguel de Escalada, del 913, o el de San Cebrián de Mazote, del 916. Según apunta García Tato en sus múltiples publicaciones sobre el tema, “la corriente mozárabe contribuyó a la renovación de la vida económica en las tierras repobladas porque los emigrantes procedían de un país que vivía en un régimen de economía urbana”. Esta corriente migratoria mozárabe contribuyó a modelar la sociedad de hombres libres de la cuenca del Duero a la que pertenecían las tierras sanabresas.

Así las cosas, allá por el primer tercio del siglo X, según se hace constar en la lauda fundacional que se conserva en el hastial de la iglesia, en Castañeda, dice que en “este lugar dedicado a San Martín, erigido en pequeño, estuvo durante mucho tiempo derruido hasta que el abad Juan vino de Córdoba y erigió desde sus cimientos la arruinada casa y la labró de piedra no por el mandamiento de nadie, sino de los monjes”. Estas obras se acabaron en dos años y tres meses, en la era 959, reinado el rey Ordoño, es decir, en el año 921. Según el Tumbo del real Monasterio de San Martín de Castañeda en el año 923 los monjes sanabreses ya tenían posesiones en tierras valdeorresas, mediante la donación de toda la heredad de Casaio, que hicieron los mozárabes Zuleimán y su hermano Sisaberto. Desde este momento y hasta mediados del XIX este monasterio fue ampliando sus posesiones tanto a las orillas del Casoio como en las altas cumbres del Portillo de Puertas, fundamentalmente en los actuales municipios de A Veiga y Viana. Con la supresión de los señoríos en el siglo XIX, estos dominios monásticos quedaron libres de esta institución pasando su titularidad a otras manos.

Referente a los primeros históricos en Lamalonga, según el catálogo general de yacimientos arqueológicos de Galicia, hay un castro que posee un recinto superior o coroa, rodeado por un recinto inferior o antecastro, localizado en el paraje de Lama Redonda o Lombeiro da Rocha. Este castro tiene unas dimensiones aproximadas de 120 metros de este a oeste por 100 metros de norte a sur. Su sistema defensivo estaría compuesto por una muralla, aparentemente de piedra, complementada hacia el norte por un terraplén o foso.

Como ya indicamos, en Lamalonga tuvo posesiones el monasterio sanabrés, según se indica en un documento fechado el 16 de mayo de 1651 y pasado ante el notario Gregorio de Prada y en el que se hace constar que se suscribió un foro en favor de Francisco Fernández, vecino de Lamalonga y el mismo “es portres vida de Reyes, primera Phelipe Quarto”. En función de dicho contrato el contratante o forero debía pagar, cada año, 8 tegas de centeno, una gallina y 8 maravedíes de derechuras, todo puesto para su recogida en el lugar de Ponte, en ese mismo municipio de A Veiga, “por festividad de Nuestra Señora del mes de septiembre”.

Lamalonga en los siglos XVII y XVIII, según indica el Catastro de Ensenada, era de realengo y pertenecía a la jurisdicción de O Bolo. En el año 1752 tenía una población de 79 vecinos, en línea con otros pueblos, como Seoane, 87; Valdín con 80; o Xares con 90 veciños.

A mediados del siglo XVIII sus vecinos pagaban a las arcas reales cada cuatro meses, -abril, agosto y diciembre- 715 reales, que hacían un total anual de 2.145 reales desglosados de la siguiente manera: Alcabalas con 298 reales; Ciento con 194 reales; Sisa con 175 reales; Fiel Medidor con 29 reales; y Carnes con 19 reales de vellón.

A la iglesia se pagaban: Diezmos, uno de cada diez de los frutos recogidos de hierba, grano, lino y ganado; Primicias, que ascendían, un año con otro, a 65 tegas de centeno y 9 reales “de mano muerta”; Voto de Santiago, que suponía 41 tegas de centeno por año. La abundante producción cerealista se transformaba en harina gracias a seis molinos de harina, con ganancias reguladas en 150 reales de vellón.

En todo el municipio había 137 molinos a los que se les regulaba unos beneficios de 11.645 reales. Había dos taberneros que tenían reguladas unas ganancias de 36 reales al año. De las necesidades espirituales se encargaban 3 curas-párrocos, ostentando uno de ellos la denominación de abad y los otros sus ayudantes naturales. El resto de la población vivía principalmente de la agricultura, dedicando al campo sus mayores esfuerzos. Tan sólo había dos herreros que percibían un salario diario de cuatro reales por día trabajado.

En el siglo XIX, tenía una población de 36 vecinos que venían a ser 150 habitantes, que vivían en 30 casas “de mala fábrica”. El pueblo situado en la vertiente occidental de la sierra do Eixe, colindaba con los términos de: Candeda por el norte; Meixide por el este; Espiño por el sur y Castromarigo por el oeste. La parroquia de Lamalonga estaba adscrita a la provincia de Ourense, de cuya capital distaba 15 leguas; al partido judicial de Valdeorras, del que le separaban 2 (¿). leguas y media; eclesiásticamente de la diócesis de Astorga de cuya iglesia-catedral 2 leguas. La iglesia parroquial estaba dedicada a Santa María, servida por un cura de entrada y patronato laical. Y había una ermita bajo la advocación de San Cipriano.

Su fuente principal de ingresos era la agricultura a pesar de los terrenos poco productivos; ganadería de clase vacuna, porcina, mular, caballar y cabría. En los montes abundaba la caza de varias especies.

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